El laberinto de la libertad – Capítulo 4: “Amigos y enemigos”

Un nuevo día de horro y sufrimiento iba a comenzaba en la torre de obsidem, como siempre los guardias iban a obligar a los esclavos a ejercer trabajos forzados. En este día diez esclavos iban a ser llevados a la minera que se encontraba en lo profundo de la torre, para extraer recursos y ser exportados hacia el imperio. Desafortunadamente entre esos esclavos que iban a realizar el trabajo forzado, se encontraba Elian y su amigo de hace muchos años Ardan, el cual levaba un cabello largo de un tono gris oscuro  el cual simbolizaba y resaltaba la mirada de determinación de sus ojos morados con un gran brillo en ellos.


Al comenzar el día, tres guardias respetados y con una reputación de matar a quien haga algún leve movimiento de oposición contra ellos, se dirigían a la celda en donde se encontraban Elian y Ardan para llevárselos, al entrar en la celda todos los esclavos de ese lugar despertaron inmediatamente, Elian y Ardan se levantaron lentamente del piso en cual todos los esclavos dormían y Ardan los miro a los ojos tratando de intimidar a los guardias con una sonrisa incompleta.

—¡Vaya!, ¿asique ya es la hora de trabajar para los cerdos Lujus, Pérez y Cody? —dijo Ardan con una voz desafiante.

Un gran silencio se apodero de la celda hasta que Cody uno de los guardias se acercó a Ardan lentamente, le tomo el hombro y lo miro muy cercanamente a los ojos y le propino un fatal puñetazo en el estómago mientras le decía:

—¡Guarda silencio maldito e insolente impuro!, solo dedícate a acatar cualquier cosa que te pidamos  ¿de acuerdo? —.

Ardan había caído al piso retorciéndose y gritando de dolor, ya que al parecer el puñetazo que le dio Cody tenía en sus nudillos un poco de determinación el cual le dio mayor fuerza al golpe. Cody sujeto tirando del cabello a Ardan sonriendo y mirándolo de cerca y luego miro de reojo al lado —Trae a los ocho restantes esclavos para el trabajo, Pérez… —dijo con un tono un poco malhumorado Cody. Pérez se dirigía a buscar a los esclavos restantes para los trabajos forzados, ellos estaban alineados en un rincón de la celda, pero entre todos los esclavos que se encontraban en ese lugar,  Pérez ve que hay un sujeto recostado en el suelo con una manta destrozada. Pérez decide ir a ver quién era ese sujeto, y por qué no se encontraba levantado como todos los otros, al estar en frente de él se escuchan unos ronquidos muy leves, al ver esa escena Elian pensó <¡Estúpido…!>. Aquel muchacho que se encontraba dormido en el suelo era uno de los amigos de la infancia de Elian, Jairo Heinlein, tenía un pelo bien corto y su contextura era muy delgada que parcia una rama de árbol, unos ojos bien grandes y una determinación inmensa dentro de él. Lo peor que se podía destacar de este sujeto era que siempre decía las peores cosas a alguien  en los momentos más inoportunos.

—Oye tú… —dijo Pérez con una voz baja y realmente furiosa. En ese momento, cansado de esperar una respuesta del chico y enfureciéndose cada vez más, lo despertó con una gran patada que lo expulso dos metro de donde estaba.  La gente se quedó perpleja al ver la acción, pero Elian y Ardan estaban con las manos en la cara al darse cuenta de lo que iba a pasar ahora.

Jairo se levantó lentamente, acaricio su cabeza y se limpió el polvo encima del               —¿Acaso no tienes modales para despertar a una persona?, intento fallido de noble… —dijo Jairo indiferentemente. Pérez lo quedo mirando muy sorprendido y a punto de estallar de ira.

—¿Q-q-que dijiste…?—contestó Pérez sorprendido al igual que todos en la celda.

Luego de aquella escena en la celda de los esclavos, los tres guardias partieron junto a los elegidos para el trabajo hacia las minas de la torre, Elian, Ardan y Jairo se encontraban al final de la fila, y como fue de suponerse Jairo estaba hecho todo un desastre debido al escarmiento que le dieron los tres guardias en ese mismo momento, pero fuera de eso, Elian sentía una gran incertidumbre sobre lo que iba a pasar en la mina, el presentía que alguna acción que iba a ocurrir ahí durante las horas de trabajo iba a desatar un gran poder de determinación en cualquiera de las personas que estuvieran ahí.

—Elian, ¿Qué sucede? —preguntó Ardan

—Sí, llevas callado hace un buen rato Elian —dijo Jairo indiferentemente

—No, no es nada… pero les advertiré que en este día…. Se preparen para lo peor— contestó Elian muy seriamente. Al parecer en aquel día iba a suceder algo que revolucionaria la mente de alguno de los sujetos que se encontraría en la mina de la torre, y tendría un gran efecto en el futuro.

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4 comentarios en “El laberinto de la libertad – Capítulo 4: “Amigos y enemigos”

  1. Pingback: Arco 1: La rebelión de Obsidem | SpanishTraslation

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