Law Of The Devil (LTD) Capitulo 0

Capítulo 0: Él hijo del conde.

Cuando miramos hacia atrás en la historia, nosotros a menudo nos encontramos que bajo la actual corriente de historia, incluso a los líderes más sabios les resulta difícil mantener sus cabezas sobre el agua.


En esta tarde de verano, el sol abrazador colgando en el cielo irradiaba calor sin piedad. Por el bien de la ceremonia de bienvenida para un regreso triunfal, incontables guardias escarlatas rodeaban el muelle en el puerto con tanta fuerza que ni siquiera una gota de agua podía pasar a través de ellos.

Y por los cientos de pasos alrededor del muelle fue difícil presionar a los soldados de seguridad pública de la capital a ejercer toda su fuerza. Un gran número de ellos tenían la ropa rasgada, Sus brillantes charreteras arrancadas, sus impresionantes sombreros lejos, e incluso sus botas habían sido pisadas incontables veces.

Lo que hacía que los mil soldados de seguridad publica quienes habían sido enviados al puerto para garantizar el orden se sintiesen impotentes, debido a que el enemigo al que ellos se enfrentaban no era otro que cincuenta mil habitantes entusiastas de la capital imperial.

La multitud de ciudadanos rebosante de entusiasmo estaba armados con flores, aclamaciones y aplausos – Y por supuesto, un gran número de mujeres estaban listas para ofrecer sus besos e incluso su castidad. En este tipo de bullicio, los mil soldados de seguridad pública se sentían como si ellos estuviesen en un bote quebrado dentro del océano a punto de volcarse en cualquier momento.

Justo ahora, ellos estaban extremadamente envidiosos de los guardias en el muelle, quienes tranquilamente podían organizarse a sí mismos en una formación, mostrando sus recientemente adquiridas armas y armaduras brillantemente pulidas, y ellos no tenían que preocuparse acerca de que los entusiastas ciudadanos les agarrasen las mejillas en cualquier momento.

Por el bien de esta celebración por el triunfante regreso, su majestad el gran emperador Agustine VI había ordenado que el Gran Canal Azul que conduce al rio del distrito de la capital imperial, ¡Se ampliase al doble de su tamaño usual! Por esta razón, el imperio había invertido en diez mil trabajadores en el rio durante medio año, pagando cerca de tres millones de piezas de oro.

Y la razón para esta inversión era para dejar que el buque insignia HMS Oriente Rojo, de la sexta flota imperial expedicionaria pasara sin obstáculos directamente a la puerta este del puerto de la capital imperial, recibiendo la ovación de las personas y demostrando el poder de la milicia imperial.

Nadie se preocupaba por si tanta ostentación valía la pena.

Debido a que el ministro de finanzas imperial quien había planteado objeciones había sido inmediatamente ‘retirado’ al campo por el enfurecido emperador. Y la única opción para el subsiguiente ministro de finanzas había sido atormentar su cerebro y buscar desde el este al oeste para exprimir hasta la última moneda de las finanzas imperiales para satisfacer a ese “extravagante anciano.”

A medida que el sol de la tarde calentaba la amplia superficie del canal, cuando el primer rastro de una vela apareció a la distancia, la multitud fue incapaz de contener su vitoreo.

A lo largo del rio una enorme nave de guerra de doscientos pies lentamente se aproximaba al puerto, su imponente silueta sorprendió a todos en la multitud en espera.

La nave insignia de la sexta flota expedicionaria, el ‘HMS Oriente Rojo’, el orgullo de la marina imperial, la más enorme nave de guerra de la historia. Por el bien de esta ceremonia de bienvenida, la nave de guerra había sido repintada y reacondicionada, el casco estaba lacado de un color negro intimidante. En medio de olas y olas de vitoreos, el HMS Oriente Rojo lentamente se aproximaba al puerto como una masiva bestia negra, la bandera con una flor de zarza se agitaba en su mástil.

Cuando la nave ancló, las decenas de miles de personas esperando estaban a punto de estallar, incontables sombreros fueron lanzados al aire, incontables zapatos fueron pisados y se perdieron, incontables piernas de hirieron debido a los empujones. Y aquellos lastimeros soldados de la seguridad publica resistiendo con lo mejor de sus habilidades, solo podían mirar su cordón encogerse, y encogerse nuevamente…

El comandante de la flota expedicionaria imperial, el conde Lehman, estaba parado en la proa de la nave, sin expresiones mientras miraba a la entusiasta multitud.

Este general de primera clase de solo treinta y nueve años de edad, el conde imperial, vestía su atuendo más grandioso, una armadura ligera de cuerpo completo, una capa escarlata se movía ligeramente detrás de ir debido al viento, dos medallas en su pecho – Otorgadas por las dos veces anteriores en que había participado en la flota de exploración. Y sin lugar a dudas, su triunfante regreso le haría merecedor de su tercera medalla imperial.

La mirada del conde era algo floja, sin fijarse del todo en la multitud que lo vitoreaba desde el puerto, y si uno observaba de cerca, uno podría descubrir que sus cejas estaban ligeramente arrugadas, viéndose aparentemente un poco impaciente.

¡Maldita sea, esta armadura es muy pesada y tan ridícula!

Como un soldado de la marina, el conde no creía que vestir una armadura tan pesada era adecuada para el combate naval. Todo esto era solo un show a petición de los militares. Como el llevar esas medallas, el conde secretamente pensó que esa idea era incluso aún más ridícula. Simplemente como un nuevo rico ostentando su dinero – La verdadera nobleza no se dignaría a hacer algo así. Él sintió que tal acto era un atentado contra su dignidad.

Más aun, el vitoreo de la multitud bajo él era realmente muy ruidoso, sus ovaciones eran como un tsunami golpeando los rompedores de olas, ola tras ola erosionaban la paciencia del ya desgastado conde.

Inconscientemente el bajó la mirada hacia la cubierta.

Simplemente por el bien de esta ceremonia de bienvenida el HMS Oriente Rojo había sido repintado hace tres días, las viejas manchas de sangre habían sido removidas. Las plantas de cubierta usadas en las batallas de expedición ya habían sido reinstaladas, y hasta es espolón había sido reemplazado… Maldita sea, esos bastardos cortesanos chupamedias incluso habían reemplazado el mascaron de la proa con una figura decorativa similar a como se ve su majestad, y se dice que esta estatua había sido tallada por un maestro escultor imperial y había sido enviada personalmente hace unos días atrás.

Por esto la marina imperial había pagado un extra de diez mil monedas de oro.

Las grandezas marciales son grandezas marciales. ¿Pero esos idiotas no saben que en el combate naval, luego de que las naves de guerra colisionan, la primera cosa en destruirse es el espolón?

A él le pareció que el gasto de estas diez mil monedas de oro fue un desperdicio. En vez del trabajo de un maestro escultor, una estaba afilada habría tenido un efecto más práctico.

De hecho, muy en el fondo, el conde Lehman secretamente pensaba que incluso organizar esta llamada sexta flota expedicionaria no era más que un absurdo error estratégico más allá de lo creíble.

Por varias décadas el imperio había repetidamente conducido “expediciones” en la región del mar del sur.

Él no podía negar que había incontables islas en los mares del sur, salpicando casualmente como perlas en el océano, con extraños bosques, con tribus aborígenes barbáricas de la edad de piedra, con oro, gemas, especias y botines propios del mar.

Pero el conde no consideraba que ‘ir con una docena de masivas naves de guerra para tiranizar a los kayaks de las tribus aborígenes’ fuera algo que podría llamarse ‘expedición’.

¡Esto era saquear, era una masacre, era hurtar, era invadir, era robar descaradamente!

El conde no creía que había nada malo con esto. El débil siempre era comido por el más fuerte, así que el débil debía mantenerse en una actitud servil ante el fuerte. Pero él creía que el error de la política imperial para los mares del sur era esta: estas operaciones llamadas ‘expediciones’ eran conducidas con demasiada frecuencia, y los resultados obtenidos cada vez se hacían más y más pequeños.

En las primeras dos o tres expediciones, la fuerza de la marina imperial había sido invencible, cuando navío tras navío había regresado con oro, gemas, especies y bienes marinos, esto había causado una sensación por todo el Imperio.

Pero luego de todo, incluso un granero abundante no podía soportar una cosecha repetitiva. El saqueo excesivo había aniquilado a las tribus aborígenes cerca de la costa, y las siguientes fuerzas expedicionarias no tenían más opción que ir más y más lejos, sus rutas se extendían, lo cual se convertía en una inmensa prueba para los suministros de la flota.

Después de todo, ir los mares del sur no simplemente significaba tiranizar a las tribus, no eran simplemente oro y gemas, sino que también era el clima sofocante, los rápidos cambios del clima, las aterradoras olas gigantes, así como un sin número de arrecifes, torbellinos, tormentas…

Esta cosecha provisional había vuelto lo que originalmente era un granero para el Imperio en un desolado y descuidado campo. Cada vez las cosechas de las siguientes expediciones se volvían menores. Pero irónicamente, cada vez la ceremonia de regreso triunfal se volvía más magnifica…

El conde Lehman había tenido que comandar las tres últimas expediciones en varios años, ganando como conde una rotunda reputación en los mares del sur. El navío imperial generalmente tenía una serie de apodos en los mares del sur:

¡Ladrones! ¡Carniceros! ¡Ejecutores!… Sus manos estaban cubiertas de la sangre aborigen, en los corazones de los clanes aborígenes él era un gran invasor, un demonio quien había quemado sus hogares y esclavizado a su pueblo.

Por supuesto el conde no se preocupaba de esto, pero una cosa que hacía que él se sintiese un poco intranquilo era que las excesivas invasiones habían provocado algunos desarrollos anormales dentro de los aborígenes, especialmente en el ámbito militar. Incluso cuando él volvía esta vez, había escuchado que algunas naciones de las islas aborígenes habían formado una llamada coalición en las regiones más distantes de los mares del sur, con el fin de resistirse a los eternos saqueos del Imperio.

Afortunadamente, esta particular vejación no era nada por lo que él tuviese que preocuparse más. Él sabía muy bien que esta era su última expedición. Desde ahora en adelante, él permanecería en la capital imperial, y si todo iba bien, tomaría una ilustre posición en el alto comando imperial, gastando ocho o diez años hasta que el canciller de asuntos militares se retirase, entonces usaría la influencia de su clan para tener éxito. Si él tenía un poco de suerte, tal vez incluso podría tener una carrera política en sus últimos años, tratando de volverse el primer ministro.

En cuanto a las expediciones, que se fuesen a la mierda. Eso sería el dolor de cabeza para el siguiente comandante de la flota.

Incluso si esos aborígenes llegasen a desarrollarse al punto en que pudiesen construir cañones mágicos, todavía ese no sería su problema.

En una ola de fervientes ovaciones, descendiendo de la cubierta bajo las atentas miradas de la multitud entera, finalmente, ¡Nuevamente pisaba el suelo de la capital imperial! Él saludo a la multitud… Pero ese movimiento fue como si echase a una mosca.

Primero que todo, un funcionario vestido como un asistente cortesano leyó en voz alta los elogios del emperador desde la cubierta, y le dio instrucciones para entrar dirigirse al palacio imperial temprano a la mañana siguiente para recibir sus recompensas.

Sus deseos se cumplieron, mientras sus perspectivas políticas se volvían brillantes.

Pero un sirviente cercano vestido con ropas grises se abrió paso en la multitud, susurrándole otra noticia a su oreja, lo cual dejo caer el corazón del conde Lehman en el piso.

Eran noticias de su casa.

La expedición había hecho que estuviese fuera por años, en un mar sin límites donde las noticias viajaban difícilmente. Lehman todavía no sabía lo que había ocurrido en casa.

Lo más importante era su esposa y su hijo. Tres años atrás cuando él se fue en la campaña, su esposa ya estaba cerca de dar a luz, ¡Y él todavía ni siquiera sabía si era un niño o una niña!

Las noticias desde casa eran: Un niño.

Pero, este niño recién nacido, aparentemente, era una retardado.

Estas malas noticias inmediatamente lo derribaron desde la cima de su felicidad.

¡Una mala noticia!

Prácticamente, cada pez gordo dentro de la capital había venido a darle la bienvenida, y todos ellos observaban sus expresiones descender a una masa crítica de depresión.

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3 comentarios en “Law Of The Devil (LTD) Capitulo 0

  1. Pingback: The Law Of The devil – Sekai to Mugen no Sora

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