Desafiando a los cielos – Capitulo 4

Aran caminaba por las calles de Avaren observando y recordando cosas de su anterior vida. Habían pasado exactamente 5 horas desde que había salido de su casa, y pronto anochecería, por lo que decidió volver.

Esa noche, Aran durmió como llevaba años sin dormir.
12 de Marzo de 654
Al despertar, Aran se sintió rejuvenecido y saltó de la cama. Se vistió lo más rápido que pudo y salió a la calle. Hoy era el día. El día en que volvería a ver a Eris.
***
Eris se levantó de la cama somnolienta y con cara de haber dormido poco. Hoy era el día en que visitaría Itharian y tendría una audiencia con el rey.
Se trataba de una chica de unos 14 o 15 años, con unos preciosos ojos azules y una piel delicada. Era, sin duda, lo que se podría llamar una preciosidad. Sin embargo, había una parte de su cuerpo que no le gustaba: su pelo.
Tenía el pelo blanco, liso y largo. Muchos podrían decir que era un pelo precioso, pero ella lo odiaba con todo su alma.
Se peinó y se vistió con un elegante vestido color azul que le complementaba perfectamente, y al estar lista, salió de su habitación para reunirse con su padre, el Conde Larion.
***
Cuando Aran salió a la calle lo primero que pudo ver fue un enorme grupo de gente apartándose de la calle y dejando pasar a lo que parecía una carroza.
Esa era la carroza en la que viajaba Eris en su viaje a Itharian, por el que tuvo que pasar por Avaren.
En su vida pasada, Aran se armó de valor y asaltó la carroza cuando esta salió del pueblo, pero se vio superado por un guardia que viajaba junto a Eris en la carroza, el cual Aran no había podido ver antes.
Debido a ese incidente, Aran fue capaz de conocer a Eris, pero también fue encarcelado 2 meses enteros en una mazmorra hasta que esta se cansó de tenerlo encerrado y le soltó a cambio de algún que otro trato.
Sin embargo, Aran no tenía la más mínima intención de pasarse 2 meses encerrado en una mazmorra, por lo que descartó la idea de repetir sus acciones.
Fue entonces cuando se le ocurrió la idea de ocultar su presencia y agarrarse a la parte de debajo del carro para seguir a Eris.
Ocultar la presencia de su alma era una técnica sencilla pero útil que había utilizado en su vida anterior, pero aunque ya no poseía sus poderes, aún tenía sus conocimientos.
Tras mucho pensarlo, optó por esa opción y se metió bajo el carro.
***
“Aaaahhh…” Eris resopló mientras viajaba en el carro. Llevaba casi 3 horas viajando y quería estirar las piernas, pero sabía que no podría hacerlo hasta llegar a su destino.
A su lado se encontraba el Conde Larion, padre de Eris y actual cabeza de familia de la casa Larion. Frente a ella también estaba estaba sentado Einar Larion, un joven de unos 20 años nacido en la rama secundara de la familia. Se podría decir decir que era un primo lejano suyo, pero también era su guardaespaldas personal.
Faltaba alrededor de 1 hora para llegar a su destino, por lo que Eris estaba insoportablemente nerviosa. Esto ponía de mal humor a su padre, pero éste conocía a su hija, y sabía que si decía algo solo conseguiría empeorar la situación.
***
‘Por fin hemos llegado… Me duelen los brazos de aguantarme al carro para no caer’ Pensó Aran, que llevaba poco más de una hora agarrado a la parte de debajo del carro.
Sin embargo, el carro no se detuvo en la entrada como había previsto Aran, sino que había entrado en el castillo del Rey.
‘Oh dios mío… esto es malo. Si me descubren me cuelgan seguro’
Pensó y pensó, pero todo estaba lleno de guardias que, aunque todavía no le habían visto, no tardarían mucho en hacerlo.
Cuando finalmente el carro se detuvo, Aran se descolgó rápidamente y se escondió tras una columna cercana sin que nadie le viese, cosa que para él había sido un milagro.
***
Eris bajó del carro a la velocidad de un rayo y estiró sus piernas como si llevase sentada días y estas estuvieran entumecidas. Cada vez que estaba de mal humor, a Eris le daba por exagerar, pero hoy estaba siendo especialmente exagerada, cosa que a Aran, que miraba desde la distancia, le parecía adorable y a la vez terrorífico, ya que conocía el carácter de Eris y compadecía al pobre duque por ello.
“Señor Larion, señorita Larion, el Rey Aratiel les está esperando” Dijo un mayordomo vestido completamente de negro al Duque Larion y a Eris.
El mayordomo condujo a los dos por la entrada, pero Einar se quedó en la entrada de vigilante, como impidiendo el paso de quien intentase pasar.
Esto para Aran no fue un problema, ya que nunca en su sano juicio hubiese tenido la idea de entrar a escondidas en el palacio interior, ya que no quería cometer aún más crímenes de los que había cometido en un solo día.
Fue entonces cuando volvió a mirar a la entrada y vio que Einar Larion había desaparecido. Esto era una buena señal, ya que significaría menos peligro, pero había algo que le molestaba y no sabía que era, como si sintiese que iba a pasar algo malo.
Segundos más tarde de ese pensamiento, Aran sintió una mano agarrando su hombro. Se trataba de Einar, el cual le había descubierto.
“¿Qué haces aquí? ¿Y quién eres?” Preguntó Einar con una voz que parecía intentar atravesar a Aran.
“…” Aran se encontraba sin palabras, con una expresión de terror en su rostro y sin saber muy bien qué hacer.
De todas las situaciones posibles, que le pillaran, sin duda, era la peor de todas.
***
Eris y su padre siguieron al mayordomo, el cual se presentó como Raymond, al Salón del Trono.
Esta era una sala enorme decorada de mármol blanco y columnas de oro. En los extremos de la habitación se encontraban varios mayordomos y criados, y en el centro de esta, al final de la sala, se encontraba el rey Aratiel, actual señor de Itharian y de todo el reino de Brea.
“Sus respetos a su Majestad” Dijeron al mismo tiempo el duque y su hija, inclinándose sobre su rodilla izquierda y haciendo una reverencia al rey.
Aratiel, sin embargo, no era alguien a quien le gustase que le tratasen con respeto por ser rey. En sus tiempos había sido el más poderoso caballero del reino, y había dominado todos los estilos de lucha con espada, arco y maza. Aunque ya no estaba en su mejor momento, su corazón todavía pertenecía al ejército, pero un inesperado giro de los acontecimientos hizo que se convirtiese en rey.
El Duque Larion y Eris se volvieron a poner de pie a la orden de Aratiel. Hubo un silencio varios segundos, y fue el rey quien rompió ese mismo silencio.
“Ya basta de estupideces y etiqueta, Baruk, sabes perfectamente para qué te he mandado llamar” Dijo el rey Aratiel al Duque Larion, al cual se había referido por su nombre, Baruk.
“Majestad, sé que este es un asunto de extrema importancia, pero lo imploro. Por favor, debe haber alguien más” Larion hablaba de prisa y temor. Aun sabiendo que era imposible cambiar lo que pronto ocurriría, aun así lo intentó.
Eris miró perpleja a su padre, el cual parecía estar a punto de romper a llorar, sin comprender la situación.
“De verdad que lo siento, viejo amigo. Sé que es una enorme carga pero estoy seguro de que la chiquilla podrá hacerlo” Aratiel miraba con tristeza a Eris, la cual había adivinado de que la chiquilla de la que hablaban era ella.
“Padre, ¿a qué se refiere su Majestad?” Preguntó Eris con una voz pausada y temblorosa, en la cual se podía notar el temor que recorría su cuerpo.
“Vamos a sellar al Deva en ti, Eris.” Dijo su padre con una voz solemne. Aunque su cara mostraba extremo dolor, aún podía mantenerse firme en sus palabras.
Eris no sabía lo que significaba eso. Nunca había oído hablar del tal Deva ni de nada parecido, pero aceptó aun sin saber la tristeza, pérdida, dolor y sufrimiento que eso conllevaría en su vida.
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2 comentarios en “Desafiando a los cielos – Capitulo 4

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