Desafiando a los cielos – Capitulo 5

Aran se encontraba en un cuarto cerrado hecho de piedra, con una puerta de madera en un extremo. En el centro del cuarto había una mesa pequeña con dos sillas.

Mientras esperaba sentado en una de las sillas, la puerta finalmente se abrió y entró Einar, el guardaespaldas de Eris, y aquél que le había llevado a ese sitio.
“Bien chico, cuéntame. ¿Qué hacías en el palacio exterior sin autorización? ¿Y cómo demonios conseguiste entrar?” Preguntó Einar con un tono severo y serio.
Aran no respondió. Su mirada fueron todas las palabras que Einar necesitaba para obtener una respuesta.
“Bueno, si no estás dispuesto a hablar me temo que vas a tener que quedarte aquí un tiempo y reflexionar”
Einar pensaba que de esa manera conseguiría que Aran hablase, pero no había sido así. Esa táctica nunca le había fallado, por lo que complicaría aún más las cosas.
“Entiendo. Entonces no tienes intención de contarme nada… una pena. Volveré en tres días para ver si quieres hablar. En caso de que no quieras, se te expondrá a un juicio, así que piensa bien bien en tus pal—” Einar se giró a mirar a Aran, pero este ya no estaba, había desaparecido.
Einar tenía una cara de sorpresa a la vez de enfado. Había sido engañado. No sabía donde se había escondido Aran, pero su castigo para cuando lo encontrase no iba a ser pequeño.
Mientras veía a Einar salir enfurecido de la habitación, Aran sintió la victoria. Se había preocupado por nada, y fue incluso demasiado fácil.
Había usado la técnica de camuflaje, una habilidad que aprendió en su vida anterior muy útil para situaciones como esta. La técnica permitía al usuario fundirse con el entorno, pero al tener un bajo nivel en ella como lo tenía Aran en ese momento solo le permitía camuflarse si se encontraba completamente quieto, ya que el más mínimo movimiento podría romper la habilidad.
‘Listo’ Pensó Aran cuando Einar se fue. Este había salido tan rápido que había olvidado cerrar la puerta, y era eso exactamente lo que Aran buscaba que pasase.
‘Ahora podré ir en busca de Eris. Aunque esto de ir por el palacio interior no me haga ninguna gracia, no me queda otra opción’
Aran buscaba una estrategia para poder subir al palacio sin ser descubierto. Ahora mismo se encontraba en las mazmorras, el piso más bajo. Estaba exactamente a 5 pisos por debajo de Eris, la cual se encontraba en el último piso.
‘Suerte, humano. Esto va a ser divertido’ Dijo el demonio Cedric a Aran, burlándose del joven.
***
Eris tenía una cara de asombro y terror. Según las palabras de su padre iban a sellar al Deva en su interior, y aunque aún no sabía lo que era, aceptó sin pensárselo dos veces.
El Deva era un nefilim, el hijo de un ángel y un demonio, y la criatura más monstruosa y poderosa que podría imaginar.
Solo existían 4 nefilim conocidos, y estos eran los llamados Jinetes del Apocalipsis, pero nunca hubiera pensado que hubiera un quinto.
Según la explicación de su padre, el sello del nefilim se había roto, y pronto podría despertar, por lo que necesitaban un nuevo recipiente para bloquear su poder, y el recipiente seleccionado había sido su cuerpo.
Eris poseía un don, la afinidad con los elementos Luz y Oscuridad.
Cada ser humano, monstruo, bestia o criatura viviente poseía un elemento de la naturaleza, y aun siendo estos normalmente el Fuego, Viento, Agua o Tierra, existían personas con elementos mucho más poderosos, como fusiones de los anteriores o, gente como Eris, que poseían los elementos Luz o Oscuridad. En el caso de ella, poseía los dos al mismo tiempo.
La Luz y la Oscuridad eran elementos inversos, y en un principio sería imposible unirlos, pero el cuerpo de Eris era especial. Su propio sistema estaba hecho especialmente para contener a esos dos elementos, y es debido a ellos que su pelo perdió su pigmentación y se volvió blanco, siendo en un principio de color negro.
“Acepto encargarme de sellar al Deva. Si es el destino que se me confía no pretendo evitarlo, su Majestad” Dijo Eris con determinación en sus palabras, aunque en su interior estuviese a punto de romper a llorar.
“Entonces comenzaremos de inmediato” Dijo el rey Aratiel, con una mano sobre la cabeza de Eris, intentando calmar a ésta, sin éxito.
***
Aran llevaba casi una hora caminando, y por ahora había conseguido subir dos plantas, pasando de las mazmorras a las cloacas, de las cloacas al palacio exterior, y finalmente, al palacio interior.
Le había sido complicado, pero no se podía permitir descansar aún. Debía subir dos pisos más y llegar hasta Eris antes de que ocurriese el desastre.
En su vida pasada, Aran no sabía lo que había ocurrido porque ese día fue encarcelado durante 2 meses, y rescatado más tarde por Eris, pero ella le había contado los sucesos durante su viaje, y estaba determinado a detenerlos a toda costa.
Aun diciendo esto, no sabía cómo. No tenía ningún método para probar el desastre ni para detenerlo, pero sin intentarlo no conseguiría nada, y el destino de Eris estaba en juego.
Era hora de ponerse en serio.
***
Los dos hombres acompañaron a Eris hasta un sala cerrado con olor a humedad. Se encontraban en la torre norte del palacio, la zona más alejada de la ciudad.
Cuando llegaron, Eris vio un círculo en el suelo que parecía estar tallado en la piedra, de dentro de este había gran cantidad de palabras ilegibles que daban la sensación de estar siendo atraídas al centro del círculo en espiral.
Se trataba de un Entir, un círculo mágico. Los Entir permitían a los hechiceros multiplicar su poder por centenas, invocar bestias o monstruos de otros mundos o abrir portales a estos, por lo que su uso había sido terminantemente prohibido. Este debía ser uno de los pocos Entir que queden en funcionamiento actualmente.
Aratiel señaló el centro del círculo, por lo que Eris se movió y se quedó de pie sobre él.
Segundos más tarde, cuatro hombres encapuchados y con túnicas negras entraron a la habitación. Se trataba de magos.
Los cuatro magos se pusieron alrededor del círculo y comenzaron a susurrar varias palabras al unísono. Tras esto, el círculo comenzó a resplandecer y las palabras grabadas en él se movieron y fueron tragadas hacia el centro de este.
Eris empezó a sentir como le quemaba el cuerpo, pero era incapaz de moverse, por lo que soltó un grito sordo. Se alzó en el aire como si estuviera levitando y todas las palabras en el centro del círculo salieron volando y se adhirieron a su cuerpo, grabándose en él.
“¡ALTO!” Se escuchó una voz que resonaba en la habitación como si hubiese caído un trueno. Era un voz profunda y llena de furia.
Los ojos de Aratiel y el Duque Larion casi se salieron de sus órbitas al ver lo que se encontraba delante de ellos.
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