El laberinto de la libertad – Capitulo 5

“Realidad”

El camino hacia la mina de la torre fue muy fatigoso para los esclavos, ya que ellos mismo cargaban los implementos que usarían en la extracción de minerales, no hubo ninguna ayuda por parte de los guardias para poder movilizar los instrumentos de trabajo, pero si hubo por parte de ellos latigazos hacia los esclavos que no cooperaban, ellos  se echaban al suelo por el dolor acumulado en sus acciones y sentían como de apoco su vida se iba apagando mientras veían las caras de impetuosidad de sus agresores. Elian, de hace mucho rato se venía fijando en una mujer que también fue elegida para los trabajos forzados, que iba caminando muy lentamente y tambaleándose, además que su respiración iba raudamente y sus ojos se cerraban por un prolongado momento y los volvía a abrir lentamente cada vez que daba un paso, a pesar de apreciar su condición física, Elian creía que era una bella mujer y por eso ella seria blanco de algún despotismo por parte de los guardias Lujus, Pérez y Cody.

Al llegar a la mina, ya todos los esclavos estaban en su límite y rendidos en el suelo, pero Cody los obligo con múltiples latigazos a levantarse del suelo y que empezaran a trabajar. Ardan era el único esclavo que nunca se desplomo durante todo el viaje y que siguió en pie sin importar el limite al que llevara su cuerpo.

–A veces pienso que no eres humano Ardan –dijo Jairo indiferentemente.

–Cierra la boca Jairo, y mejor será que te levantes rápido si es que no quieres una golpiza por parte de los guardias….  tú también Elian –dijo Ardan con mucha quietud en sus palabras.

–¡Comiencen a trabajar malditos vagos de mierda! –dijo Lujus con gran ira en sus palabras.

Todos los esclavos empezaron a trabajar inmediatamente luego del grito de Lujus, Elian no podía dejar de ver a aquella mujer que estaba sumamente débil y que podía caer al suelo en cualquier minuto sin poder levantarse de nuevo, debido a su angustia Elian le dijo lo que ocurría a Ardan.

–Oye Ardan esa mujer de la esquina derecha de la mina está muy débil… sería un gran problema si los guardias se enteran de su estado actual –dijo Elian susurrándole a Ardan discretamente.

Ardan miro fijamente a la mujer por un rato, vio que se tambaleaba a cada paso que daba y pensó ˂tiene razón… si descubren que está más allá del límite ocurrirá lo peor˃, Ardan de repente miro cautelosamente a Lujus y se percató que miraba de reojo a aquella mujer, ˂¡Maldición!˃, pensó desesperadamente Ardan.

–¡Oye Elian… tenemos que hacer algo pronto, Lujus parece que se dio cuenta de la mujer en mal estado! – dijo Ardan susurrándole desesperadamente a Elian.

Elian miro a Lujus como se iba acercando de apoco a la mujer, la transpiración recorría más deprisa en el cuerpo de Elian y de Ardan al ver que Lujus estaba a muy pocos metros de ella.

–¡Maldición tengo que hacer algo! –dijo Ardan alzando un poco la voz.

–¡No lo hagas Ardan¡, podrías meterte en un gran problema si los desafías una vez más –dijo Elian agarrándole el brazo a Ardan para que no caminara

Finalmente Lujus toco el hombro de aquella mujer débil y le dijo.

–oye mujer…. ¿Qué es lo que te sucede?, ¿Estas cansada? –dijo Lujus mientras su brazo recorría el cuello de la mujer

La mujer sintió escalofríos instantáneamente al sentir el brazo de Lujus en su cuello y lo aparto débilmente de ella.

–¡Vaya!… te quedan fuerzas… quizás podrías ocupar esa poca fuerza que te queda en algún servicio para mi… si sabes lo que te conviene… jejeje –dijo Lujus tomándole la barbilla a la mujer.

La mujer reacciono rápidamente y con la poca fuerza que le quedaba mordió la mano de Lujus bruscamente.

–¡¡Ahhh…. Maldita perra! –dijo Lujus llamando la atención de todos ahí presentes.

Todas las personas presentes en aquel lugar se voltearon a ver lo que sucedía, Cody y Pérez se enteraron de la situación y caminaron hacia el lugar del hecho y ayudaron a Lujus a poder amordazar a la pobre mujer que se resistía débilmente con su última energía que le restaba.

–¡¡Maldita perra quédate quieta! – dijo Lujus enfureciéndose cada vez más.

En ese momento Lujus gritó –¡Ya me hartaste! – y desenvaino de su cintura una espada mientras la mujer pedía ayuda impacientemente, Ardan y Elian tenían sus ojos bien abiertos a tal semejante acto, no podían creer más lo que sucedía en ese momento, ya que se repetía día tras día en cualquier sitio de la torre, por sus cabezas deseaban poner fin de una vez por todas a esas acciones a las que se sometían todos los esclavos, pero lo que iban a ver después colmaría la paciencia de Ardan de una vez por todas.

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