Desafiando a los cielos – Capitulo 6

Aran se encontraba ahora en el cuarto piso, el palacio interior. Era sorprendentemente grande en comparación con lo que se podía ver desde fuera.

El palacio se componía por 5 plantas. En el primer piso se encontraban las mazmorras, donde se encarcelaba a los criminales de menor rango encontrados en el palacio y se recluían allí hasta que fuesen enviados a juicio. En el segundo piso estaban las cloacas del castillo, las cuales eran un completo laberinto para alguien que no supiese moverse entre ellas. En el tercer piso estaba el palacio exterior, los jardines y los campos de entrenamiento, que se extendían cientos de metros a la redonda. El cuarto piso era el palacio interior, y al parecer tenía un conjuro de reducción de tamaño, lo que hacía que se viese más pequeño por fuera de lo que realmente era por dentro. Por último, en el quinto piso se encontraban las torres norte, este, oeste y sur, además de las habitaciones reales y el salón del trono.

Aran continuó caminando y evitando a todos los criados que se le cruzaran, pero este método ya no iba a ser tan efectivo, debido a que el palacio interior estaba repleto de soldados reales.

Los soldados reales eran poco más que soldados normales, solo que estaban mejor entrenados que estos últimos y portaban espadas largas y escudos, además de brillantes armaduras de plata.

‘Debo darme prisa, pero los guardias me están retrasando demasiado… Si no recuerdo mal la entrada de los pasillos secretos se encontraba en la torre sur, pero todavía tardaré alrededor de 20 minutos en llegar a ella, y no tengo tanto tiempo como para perderlo…’ Aran conocía perfectamente todo el palacio, debido a varios incidentes en su vida pasada que le habían obligado a aprenderse sus pasadizos. Era de esta manera que había logrado salir del laberinto de cloacas en menos de 1 hora.

Fue entonces cuando se le ocurrió una idea estúpida, pero que en este caso podría ser muy precisa.

‘¡Ya sé! La chimenea del salón de 37’

En su vida pasada se había tenido que escapar del palacio varias veces, y uno de sus pasajes secretos para entrar y salir de este era la chimenea del salón 37. La chimenea llegaba hasta lo más alto del castillo, y estaba unida a la chimenea de la habitación 719 de la quinta planta, por lo que la utilizaba para bajar rápidamente del quinto al cuarto piso, pero nunca la había intentado escalar.

‘¿Qué estás intentando hacer, humano?’ Preguntó Cedric, el demonio que residía en el alma de Aran, con el cual se comunicaba utilizando sus pensamientos.

Aran ignoró a Cedric y empezó a tomar medidas mentales de la longitud de la chimenea. Tras varios segundos, se metió en ella y comenzó a escalarla utilizando sus piernas y brazos para agarrarse a todas las paredes.

Tras 15 minutos de respirar ceniza y sufrir mientras escalaba la chimenea, alcanzó su destino: el quinto piso. Fue una idea estúpida, sí, pero esa idea estúpida le había ayudado a reducir 3 o 4 veces el tiempo que hubiese necesitado.

Tras salir de la chimenea, abrió la puerta de la habitación y enmudeció al ver lo que tenía delante de él.

Se trataba de Einar, el guardaespaldas de Eris y la persona que lo había encarcelado hace poco más de 1 hora. Einar había estado buscando por todo el palacio a Aran, pero no lo había encontrado. Al ver que ya sería imposible dar con él, había subido al quinto piso para encontrarse de nuevo con Eris y el duque, pero nunca se hubiese imaginado a quién encontraría por el camino.

Enfurecido al ver a Aran, Einar sacó su espada de su cinturón y se abalanzó contra él. Einar tenía un fuerza bestial, y fue capaz de romper varios muebles durante su carga.

Aran esquivó por muy poco la espada de Einar, que sin duda le hubiese matado si llegaba a golpearle. Sacó unos polvos que tenía en una bolsa atada a la cintura y los lanzó a la cara de Einar.

Se trataba de alesta, un polvo obtenido al moler plantas alesta. Estas se vendían baratas en el mercado, debido a que servían muy bien para cocinar, ya que daban un toque picante. Pero Aran se los había lanzado a la cara a Einar, por lo que la reacción al entrar en contacto con sus ojos fue un terrible escozor.

Pero no pareció afectar demasiado a Einar. Éste simplemente se volvió a abalanzar contra Aran, el cual se tuvo que resguardar bajo una mesa cercana rápidamente.

La hoja de la espada le había hecho un ligero corte en el antebrazo, y aunque no sintiese demasiado dolor, la sangre caía de él.

‘Humano, déjame este tío a mí. Si me dejas tu cuerpo durante unos minutos puede derrotarle fácilmente’ Dijo Cedric con un tono de prisa. También era su objetivo el que no se completase el ritual de Eris, por lo que debían darse prisa.

‘¿Cómo hago para pasarte el control de mi cuerpo?’ Preguntó Aran sin dudar ni un segundo en la propuesta de Cedric.

‘Coge un poco de sangre de la herida y traza dos lineas paralelas en tu brazo izquierdo’ Dijo Cedric, con aún más prisa que antes al hablar. Se trataba de una situación difícil. Si Aran moría, Cedric no podría quedarse en el mundo humano.

Aran trazó las líneas y el brazo empezó a volverse negro con un aura violeta, igual que el cuerpo de Cedric. Se le empezó a formar media máscara en el lado izquierdo de su cara, y aparecieron dos cuernos en cabeza y varios en los hombros, perforando su ropa.

En apariencia era como un Cedric en miniatura, solo que debido al bajo poder actual de Aran, la guadaña no se pudo manifestar.

Ahora con el control del cuerpo de Aran, Cedric empezó a formar una bola de llamas negras en su mano, la cual lanzó contra Einar.

Desde el punto de vista de Einar, estaba perplejo. El niño contra el que había luchado hace pocos segundos se había transformado en un demonio. Y no solo eso, sino que ahora estaba contraatacando.

Einar recibió el golpe de lleno y fue lanzado contra la pared, desmayándose por la fuerza del impacto.

Cedric devolvió el cuerpo a Aran y la transformación se deshizo, menos en el brazo derecho. El brazo de Aran ahora tenía un armazón de algo parecido a escamas moradas en el brazo, en el cual habían varias grietas por las que se podía ver que el brazo de Aran era exactamente igual que el de Cedric.

‘Es un efecto secundario del pacto con un demonio. Hasta que no salga de tu alma no se irá, pero dudo que esto te importe mucho, ¿verdad humano?’

‘Ya dejé claro que me daba igual lo que tuviese que hacer mientras obtenga mi objetivo. Salvaré a Eris y destruiré al Deva con mis propias manos’

Una demonificación no era algo con lo que estuviese a gusto, y tendría que ocultar su brazo a las demás personas o podría conllevar a un gran problema, pero ahora no era el momento de preocuparse por cosas que Aran consideraba tan triviales. Era momento de salvar a Eris.

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5 comentarios en “Desafiando a los cielos – Capitulo 6

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