Desafiando a los cielos – Capitulo 11

Capitulo 11 – El comienzo de un largo viaje

Al día siguiente, Aran se levantó de la cama y se vistió. Mientras se ponía la camisa se fijó en su brazo, mirándolo con una expresión incómoda, ya que estaba demonificado. Usó un hechizo de ilusión para cambiar cómo se veía externamente y terminó de ponerse la cabeza; si no fuese por ese hechizo hubiese tenido muchos problemas para lidiar con Eris y el conde el día anterior.

Abrió la puerta de su dormitorio y se dirigió a la parte trasera del palacio exterior, donde le aguardaba un carro que les llevaría a Eris y a él al pueblo de Dalmas, en el cual conocerían a Ren.

“Le saludo de nuevo, señor Aran. Gracias por salvarme la última vez.” Dijo Eris mientras daba una profunda reverencia al ver llegar a Aran.

“¡¡¡J-JAJAJAJA!!!” Se rio él. “¡¿Quién eres tú y qué has hecho con la verdadera Eris?! Jajaja…”

“¡Oye! ¡¿Cómo te atreves a reírte, pequeño?! ¡Aprende a respetar a tus mayores!” Se enfadó ella.

“Así me gusta, esa es la Eris que conozco. Por cierto, no me hables formalmente, y no me llames señor, llámame Aran.” Dijo finalmente Aran con una brillante sonrisa.

Habían alrededor de siete horas hasta llegar a Dalmas en carro, por lo que Aran decidió aprovechar para empezar con su cultivo.

“Eris, necesito tu ayuda. Tal y como escuchaste ayer, puedo cultivar varios elementos, y ya que tengo la Luz y Oscuridad a mi alcance gracias a que estás aquí, me gustaría que me prestases un poco de energía espiritual para poder empezar.”

“Está bien, ¿pero cómo hago eso de prestarte energía?”

“Dame las manos un momento.” Aran alzó las manos y Eris, aunque no muy contenta por tener que dárselas, le imitó.

Tras varios segundos, Aran las separó diciendo “Listo”.

“No entiendo cómo funciona tu habilidad… ¿eres capaz de simplemente aprender todos los elementos sin necesidad de estar afinado a ellos?” Preguntó Eris, que tenía bastante curiosidad sobre ello.

“No es tan fácil. Mi sangre funciona como un almacén. Recoge los elementos que copia y los materializa.”

“¿Pero entonces no eres capaz de usar cualquier elemento que quieras siempre que hayas entrado en contacto con él anteriormente?”

“Sí, pero tampoco es correcto decir eso. ¿Sabes lo que son los Caminantes?”

“Son las máquinas mágicas del imperio de Celes, ¿no?”

“Se llaman Caminantes, o Máquinas de Asalto Mágico. Son armaduras gigantescas, las cuales funcionan con energía espiritual proveída por sus dueños. Cuentan con gran cantidad de hechizos de varios elementos.”

“¿Eso qué tiene que ver con tu habilidad?”

“Es justo como eso. Para poder lanzar un hechizo, primero debo contar con él, y no puedo lanzarlo sin conocerlo antes; además, los niveles de poder que puedo alcanzar son inferiores a los de una persona con ese elemento afinado.”

“¿Entonces no puedes llegar al mismo rango que otra persona con tu mismo elemento?”

“Eso tampoco es cierto. Ahí es donde entran las Partículas Gea, que son las que dan a nuestra sangre esa habilidad.

Aun pudiendo afinar gran cantidad de elementos, tenemos uno o varios de ellos con el mismo poder que el de otra persona.”

“Qué envidia… eso es como hacer trampa…”

“Qué va… nuestro elemento afinado real es lo que se llamaría una fusión de elementos, y nunca sabemos realmente cuál es esa fusión, por lo que no podemos cultivar a la misma velocidad que los demás.”

“¿Y tú tampoco sabes cuál es tu elemento afinado?” Preguntó curiosa Eris.

“Jejeje… si lo quieres saber, vas a tener que esperar a verlo…” Aran mostró una sonrisa y guiñó el ojo a Eris.

“Hmph… como si en realidad me importase…” Eris mostró una expresión de molestia y se puso algo roja.

‘Oye, chaval. ¿Cuál es tu elemento afinado? Me has dado curiosidad.”

‘El elemento Fin. Es una fusión de todos los elementos posibles.’

‘Vaya, es está bastante bien, aunque te va a costar bastante poder reunirlos todos’

‘No necesitará reunirlos todos, tan solo necesito el Libro del Fin y podré cultivarlo.’

“Bueno, quedan seis horas de viaje, así que voy a entrenar.” Le dijo Aran a Eris.

“Pero estamos en un carro…”

“Voy a utilizar una técnica de cultivo especial, llamada Meditación. Purificaré mis elementos directamente desde mi cuerpo y así no tendré la necesidad de entrenar físicamente, aunque será mucho más lento.”

“Ya veo; tienes bastante conocimiento para ser tan pequeño. ¿Cuántos años tienes?”

“Tengo 12 años, 3 menos que tú.”

“En serio, ¿cómo me conoces? Sabes demasiadas cosas de mí y eso me molesta.” Dijo Eris con los ojos entrecerrados.

“Sé más de lo que crees…” Aran comenzó a pensar en cosas de su vida pasada y una sonrisa melancólica apareció en su cara.

Al ver esto, Eris decidió no insistir y se quedó callada, observando cómo cultivaba Aran, mientras pensaba e intentaba darle sentido a todo lo que estaba pasando.

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