Reaper – Capítulo 4

Hijo mío

No me dio tiempo a reaccionar.

Cuando visualicé lo que había pasado me quedé perplejo.

Lars estaba tirado encima de mí, cubriéndome.

Apenas a unos centímetros de mi cabeza se encontraba una cuchilla en forma de disco, clavada en el suelo.

“¡¿Estás bien?!”

Lars parecía muy preocupado.

“S-sí, ni siquiera me ha rozado.”

“Menos mal… Quédate detrás de mí. Iry, alerta.”

Pasaron varios segundos y no ocurrió nada.

Iry y Lars habían adoptado una postura en guardia, con sus armas alzadas para poder responder rápidamente.

“Me mandan a por unos críos… es increíble que el idiota de Raff no pudiera con vosotros.”

La voz se escuchó fuerte y clara, pero parecía venir de todas direcciones.

“Así que eres tú… los Oscuros deben estar desesperados para haberte contratado. Dicen que eres bastante caro.”

“Jajaja… así que me conoces… Bien, así no tendré que hacer presentaciones. Ya podéis morir.”

Un hombre apareció en medio de la nada, como por arte de magia.

Era alto, de uno 2 metros, con un cuerpo musculoso.

Tenía el pelo de dos colores, blanco en la parte derecha y negro en la izquierda; además de eso, le llegaba por los hombros.

En su cara sólo se podían ver sus ojos. Eran de color rojo, rodeado por color negro.

Lo demás de su cara estaba tapado por una máscara.

En la parte derecha era de color negro, con una sonrisa asesina grabada en ella, mientras que el lado izquierdo, pintado de color blanco, tenía pintada una sonrisa tierna y amable.

A su espalda se podía ver claramente una enorme espada serrada de un solo filo.

Digo que se podía ver claramente porque debía medir al menos tres metros.

“¿Q-quién es este tío?”

“Se llama Skarr. Un asesino a sueldo. Es muy fuerte, probablemente mucho más que diez como yo juntos.”

Incluso en la cara de Lars se podía palpar el miedo.

Miedo por el hombre que teníamos delante.

“Bien, comienza la caza. Os doy 15 minutos. Huid, esconderos, atacadme. Me importa más bien poco; no haré nada. Pero tened en cuenta que cuando los 15 minutos se acaben iré a por vosotros. Ya podéis comenzar.”

“¡Iry, Alant, montad en los nabayn y corred! ¡Si nos quedamos aquí moriremos!”

No sé si fue por la adrenalina o por el miedo, pero subía la primera encima del nabayn y seguí a Lars e Iry tan rápido como pude.

Habían pasado 14 minutos, y seguíamos escapando a toda velocidad.

Lars estaba sudando, e Iry tenía los ojos enrojecidos de miedo.

No entendía bien quién era ese hombre, pero si era tan fuerte como Lars decía podía ser un verdadero problema.

De repente, una voz apareció en nuestra espalda.

“Se os acabó el tiempo.”

Miré hacia atrás y no había nada allí, solo el bosque.

De repente el nabayn se paró en seco.

Me volví para mirar por qué había parado y lo vi.

Era él.

Era Skarr.

Estaba sentado sobre un tronco delante de nosotros afilando su espada.

“Comienza la caza.”

Fue solo un parpadeo.

Había pasado apenas una milésima de segundo, y Lars se encontraba tirado en suelo, retorciéndose de dolor.

Skarr, por el contrario, estaba de cuclillas detrás de él.

Iry saltó hacia Skarr con valentía, pero sin perder la mirada de terror en sus ojos.

Otro parpadeo.

Iry ahora se encontraba en el árbol de mi derecha, el cual estaba completamente destrozado por el golpe.

“Ya solo quedas tú. Me dijeron que dejase a esos dos con vida, que tenían información. Tú, por el contrario, no sirves.”

Skarr levantó su espada, y sin siquiera usar la velocidad de antes, vino hacia mí andando.

Durante ese momento sentí como la muerte se acercaba.

Estaba cada vez más y más cerca.

Tan cerca que su aura era suficiente para hacer que me retorciese de dolor.

“No toques a mi hijo, monstruo.”

Un hombre apareció delante de mí.

Llevaba una armadura negra exactamente igual que la de Lars.

En su mano izquierda portaba un escudo triangular de poco más de un metro de largo, y en la mano derecha una espada larga y fina, con la hoja de color negro.

“Vaya, vaya… si es papá Alister… esto va a ser mucho más divertido que cazar a unas ratas después de todo.”

“No hay de divertido en morir, asesino.”

“Entonces recuerda esas palabras antes de enfrentarte a mí, viejo.”

Los dos desaparecieron de allí, como si se hubiesen evaporado.

Pronto comenzaron a sonar fuertes ruidos de espadas cruzándose.

Pero no eran simples ruidos.

Las ondas que emanaban de esos golpes destrozaban árboles y rocas cercanas, volviéndolas polvo.

Algunas veces era posible ver las siluetas de los dos guerreros, que desaparecían al instante.

Tras alrededor de dos minutos mirando aquél espectáculo, los sonidos pararon, y puede ver a los dos guerreros frente a mí.

“Si seguimos así, esto no llegará a ninguna parte, viejo. Podríamos seguir luchando horas y horas, pero seguiríamos estando en el mismo punto que el principio.”

“Tienes razón, por eso pretendo terminar esto rápidamente.”

El guerrero de armadura negra guardó su espada en su escudo, y de la mano que sostenía la espada empezó a aparecer un brillo rojo, que cada vez se hacía más visible.

“No osarás… ¿Piensas usar eso aquí, maldito loco? ¡Destruirás el bosque entero, y no sólo eso!”

“No te preocupes por el bosque, preocúpate por ti. Nosotros somos Alister, y no sufriremos ningún daño. En cambio tú…”

Skarr se quedó quieto unos segundos, pensativo.

Tras ello, guardó su espada de nuevo y se dio la vuelta.

“No merece la pena arriesgar la vida por un par de millones de monedas de oro. Está vez ganas tú, viejo.”

Skarr desapareció de nuevo a toda velocidad, y el hombre de la armadura dejó salir un bufido.

Su mano había dejado de brillar.

Agarró el casco y se lo quitó.

Era un hombre de unos 40 años, con pelo negro y corto, y una barba marcada; tenía los ojos negros, como yo.

Se acercó a mí y lágrimas comenzaron a caer de sus ojos, justo antes en hundirse en un abrazo conmigo.

“Te he estado buscando Alant, y no sabes cuánto. Ya estás conmigo, hijo mío.”

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