Reaper – Capítulo 7

Arma

Había pasado una semana desde que había llegado al templo.

Durante este tiempo la mayoría de cosas que hacía era conocer a más y más miembros de la familia.

Quien dijese que la casa Alister estaba acabada era o un bromista o un idiota, porque podía contar a más de 200 personas.

Sin duda éramos muchos.

En especial me quedé con las caras de Sherry y Danis.

Hermana y hermano.

Sherry era la mayor, por apenas dos minutos; Danis era el menor.

Eran gemelos.

Los recuerdo perfectamente porque Danis parecían ser bastante simpáticos.

Danis era el típico chico que flipa con cualquier cosa y se emociona fácilmente.

Sherry era más callada y vergonzosa, pero le brillaban los ojos y se quedaba observando fijamente lo que llamase su atención.

Tenían 6 años.

Y su padre era el hijo de Barow, mi primo Shem.

Era un hombre majo, aunque su mujer, Sylvia, era un poco fría.

Aun así, me cayeron muy bien.

Mi entrenamiento había comenzado, y tampoco había mucho de lo que hablar.

Mi entrenador se llamaba Viel.

Era un hombre gigantesco, de casi tres metros de altura y con unos músculos fuertes e hinchados.

Me caía bien, pero todo hay que decirlo: era un capullo.

Tal cual llegué al campo de entrenamiento me hizo dar veinte vueltas enteras sin parar.

Parecía uno de estos generales de los que hablaban los viejos del pueblo, de cuando fueron a la guerra.

Durante esta semana no había hecho otra cosa que correr, hacer flexiones, sentadillas…

La rutina diaria era de levantarme a las 9, desayunar, ir a correr hasta las 12, flexiones hasta las 13, comer, descansar, volver a correr hasta las 6 de la tarde, un poco de entrenamiento que variaba cada día hasta las 7 y media, y por fin tiempo libre.

Cuando se aburrían, Lars e Iry venían a verme entrenar y reírse un rato.

Parece un infierno, pero había pillado musculatura en sólo esta semana.

La comida era fantástica; mil veces mejor de lo que nunca hubiese imaginado en toda mi vida.

Era como la vida de un noble.

Aunque pensándolo bien, me había convertido en un noble, ¿no?

En todo caso, ese no es el tema.

Ese día era importante.

Era el día en que Viel me enseñaría a utilizar un arma.

Las 11 de la mañana.

Llevaba una hora seguida corriendo sin parar.

“Alant, vale ya. Ven conmigo.”

Viel me llamó; era el momento.

“Como te dije ayer, es hora de que te enseñe a utilizar un arma.”

Levantó una tela de una carreta y me enseñó lo que había dentro.

Hachas, mazas, espadas, arcos, escudos, lanzas, picas, alabardas, garrotes, dagas…

Dos días atrás Viel me dejó un libro que hablaba sobre todas las armas existentes y para lo que se usaban.

Por ejemplo, aunque se usaban para luchar igual, una espada no es lo mismo que un hacha, o un hacha no es lo mismo que una maza.

La espada es un arma estándar que se puede usar tanto para defender como para atacar, y hay espadas ligeras y pesadas.

Las hachas se usan sobre todo para atacar, y puede ser de uno o dos filos. De un filo tienen menor potencia, pero son más ágiles; sin embargo, con dos filos tienen mayor potencia pero son más pesadas.

Y las mazas se usan siempre para atacar, hay diferentes tamaños, y son mucho más pesadas que las espadas o las hachas.

También se utilizan diferentes armas dependiendo del tipo de enemigo.

Si el enemigo lleva una coraza de cuero la espada podrá atravesarla fácilmente, pero no podrá atravesar así de bien una armadura de placas de acero; para eso se necesitará una maza.

Pero yo ya me había decidido.

“Elijo esta”

La lanza.

Tres metros y medio de largo.

Acabada en una punta de medio metro.

Según el libro, la lanza es el arma más difícil de dominar.

Sin embargo, también es un arma poderosa.

Gran alcance, alto poder de ataque, versatilidad, útil para defender y atacar, capaz de penetrar en armaduras ligeras y pesadas, y altamente ágil.

“¿Una lanza? ¿Estás seguro? El libro que te di dice muchas cosas buenas de la lanza, y todas son verdad, pero te diré otra cosa: la lanza es terriblemente difícil de aprender a usar.”

“Me da igual. Quiero aprender a usar la lanza.”

“Jejeje… sin duda, eres hijo de tu padre. Él también empezó con la lanza cuando era joven.”

Vaya… eso era algo que no sabía.

“Pensé que elegirías una espada, como hacen todos los novatos, pero me has sorprendido. Tenía algo preparado, pero eso ya no sirve.”

“¿Por qué no sirve?”

“Verás, las armas comunes como las espadas, dagas o hachas es fácil aprender a usarlas porque es un simple juego de pies, y solo hay que dejar que el arma se vuelve una extensión de tu brazo.”

“¿Y con la lanza no es lo mismo?”

“Exacto, es una sensación diferente. No debes utilizar la lanza como si fuese una extensión de tu brazo; debes usar la lanza como si fuese tu propio brazo. Debes aprender a cambiar la potencia del golpe, su peso, utilizar tanto una como dos manos, aprender a cambiar de mano al utilizarla… Es algo que sólo se puede aprender de una manera: en combate.”

“¡¿Qué?! ¿Quieres decir que vas a luchar contra mí?”

“¡JAJAJAJAJA! ¡Claro que no! Quiero enseñarte a usar la lanza, no darte una paliza. Voy a llamar a alguien que sepa usar la lanza.”

Después de 10 minutos, Viel apareció de nuevo, seguido por una chica.

No era de la familia, eso se podía decir de un vistazo.

Pelirroja, con los ojos verdes.

Era muy guapa de cara, y su cuerpo era casi una copia exacta del de mi hermana Iry.

Delgada y con poco pecho.

Ah, ahora que lo pienso, Viel tampoco es de la familia.

Su pelo es negro, pero sus ojos grises le delatan.

“Esta es Anna. Te ‘enseñará’ a luchar con la lanza.”

“Hola, Alant. Soy Anna, de la familia Tyriel. Prepárate, no seré tan dulce como Viel.”

Tyriel… Tyriel… Tyriel… ¿De qué me suena?

“Id al centro del campo y prepararos.”

Lo tengo en la punta de la lengua…

“Preparados.”

Espera un segundo.

“Listos.”

¡Claro! ¡Cómo no me había dado cuenta!

“¡Adelante!”

Anna saltó hacia mí rápidamente, con la lanza pegada diagonalmente a su espalda, aguantándola con la mano derecha.

Levanté la mía y di un golpe hacia arriba levantando la parte baja de la misma.

Anna cambió de mano su lanza y con haciendo un círculo la hizo chocar contra la mía, desviándola.

Utilizando la fuerza del giro volvió a cambiar a su mano derecha y la bajó con fuerte hacia mí, verticalmente.

Tuve el tiempo suficiente para apartarme dando una pequeña voltereta.

Parece que el entrenamiento de esta semana con Viel había mejorado bastante mi fuerza y reflejos.

Anna, volvió a la misma posición de la que había partida y se quedó mirándome.

Comenzó a girar sobre sí misma a gran velocidad, con la punta de su lanza rajando el suelo y dejando salir chispas.

Era difícil prever por dónde atacaría.

¿Izquierda o derecha?

Ninguna era correcta.

Levantó la lanza horizontalmente y dio un golpe seco en mi estómago, mandándome por los aires y sacándome del ring.

Sin duda, esta chica sabía lo que hacía.

3 comentarios en “Reaper – Capítulo 7

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