Reaper – Capítulo 1

Bajo la luz del gran Sthele

¿Por qué siempre me toca a mí ir a rellenar el agua? Maflin me tiene trabajando día y noche y no me paga ni la mitad que a los demás…

Y luego tengo que aguantar al gilipollas de Rob con sus bromas.

En cuanto reúna el dinero suficiente e largaré de este pueblo.

Eso es lo que me digo cada día, pero la cosa no avanza.

Me llamo Alant.

Soy un huérfano de 17 años criado en Villabaja, un pueblo agricultor del extremo norte de Astrid.

No tengo apellido, ni conocí a mis padres, ni tengo una familia.

Soy un simple chico que se busca la vida en la granja del viejo Maflin.

No es una vida demasiado digna, y la paga de 5 coronas de plata mensuales no ayuda, pero es mejor que no tener nada.

“¡Alant, date prisa! Trae el agua del puto pozo de una vez antes que se seque, ¿quieres? Joder, eres un maldito inútil.”

Ese que se ha escuchado es Maflin, un hombre muy majo como se puede observar a simple vista.

Va vestido con su habitual camiseta de tirantes que deja ver su inmensa barriga que podría pasar por la de una embarazada si no fuese por esa barba de varias semanas sin cuidar y los cuantos dientes que le faltan.

Una preciosa vista para la mañana, por supuesto.

Mejor será quedarse callado, pillar el agua e irme, antes de que decida gritar otra vez.

Y pasadas ocho horas desde mi grandioso despertar a las 6 de la mañana, es finalmente hora de comer.

Una ventaja de trabajar con Maflin es que aunque sea un gordo imbécil sus empleados comen gratis en su casa.

No es el mejor cocinero del mundo, pero es un ahorro de unas 60 coronas de bronce al mes.

Después de comer una nutritiva pero nada apetitosa sopa de rábanos es hor a de volver para arar el campo.

Este es mí día a día.

Seis en punto de la tarde.

Acaba de llegar Rob, el hijo de Maflin.

Rob Maflin es algo así como el chico guapo del pueblo.

Es alto y musculoso, con pelo rubio y ojos verdes.

Aunque le delata su olor de granjero, si lo vieses con buenas ropas parecería un noble.

No solo lo parecería por su aspecto, sino también por su repelente actitud altiva y egocéntrica.

Viene andando hacia la granja con una sonrisa en los labios y la mano en el culo de otra chica más.

Esta vez es una chica bajita, pelirroja y con coletas.

Debo decir que es mona, pero no es mi tipo.

Creo que se llama Dalia.

La de ayer fue bastante mejor; pelo negro rizado y largo, con unos ojos azules preciosos y un voluminoso pecho.

Su nombre era Jasly, y es la hija del carnicero del pueblo, Torm.

Llevaba saliendo con Rob unas dos semanas, hasta que Torm se enteró de todo.

Sinceramente, he visto pocas cosas más graciosas que Torm, un hombre de más de dos metros de altura y con unos músculos más duros que cualquier barra de acero que un herrero pueda forjar, apuntar con un cuchillo de carnicero a Rob y gritarle a la cara que no se acercase a su hija o le rebanaría tan fuertemente que la asquerosa sopa de rábanos de su padre sería más dulce que mirar su nueva cara.

Aun así, Jasly solo era una de las muchas novias temporales de Rob, las cuales no duran más de cinco o seis semanas.

“¡Ey, perdedor! Ve a traer algo de cerveza del almacén, estoy sediento.”

Rob es tan amable como su padre, puede que incluso más.

A las chicas les gusta porque es un hombre guapo, fuerte, decidido y con algo de dinero en el bolsillo para ser un granjero.

Yo soy un chico normal, con el pelo y los ojos negros; no soy demasiado fuerte, y mi actitud es la de alguien callado; y por supuesto, no tengo ni la más mínima cantidad de dinero en el bolsillo.

Es lo que hay, no puedo hacer nada para arreglarlo.

Y por fin, las nueve y media de la noche.

El solo se ha terminado de ocultar, y los grillos cantan mientras me dirijo a mi casa.

La llamo casa, pero en realidad es poco más que unos cuantos trozos de madera con un soporte en medio para que no se caigan.

Finalmente es la hora de dormir, para volver a repetir todo el proceso mañana.

“¡Socorro!”

Hmmm… qué sueño…

“¡Piedad, por favor! Os lo supli… ¡Aaaahhh!”

¿Quién está gritando a estas horas? Estamos en plena noche.

Puede que haber salido de esa cabaña apartada hubiese sido la peor o mejor idea de mi vida.

Lo que vi fuera fue algo que se grabó en mi mente.

Hombres con armaduras blancas y con máscaras rojas, montados en caballos aún más blancos que sus armaduras.

Estaban arrasando por completo el pueblo.

Quemando y matando a los aldeanos.

Uno de ellos, con una enorme hacha que podría pesar fácilmente 80 kilos, acababa de cortar por la mitad a Torm, el carnicero.

Era un espectáculo horroroso y sangriento.

Entonces uno de ellos se giró y desmontó del caballo.

Vino a mí mientras desenvainaba su espada.

Yo retrocedí unos metros y caí al suelo, aterrado.

“N-no… espera, por favor…”

El hombre cogió su espada y cortó un trozo de mi camisa, en el brazo derecho.

Después de eso se quedó quieto, mirándome.

Levantó el brazo e hizo una señal a sus compañeros de que viniesen.

“Es él.”

Fue lo único que dijo.

Lo único que había en mi brazo derecho es una especie de marca de nacimiento.

Siempre la he tenido desde que tengo recuerdos.

Tiene la forma de una espiral.

Es una estupidez, pero le tengo cariño a esa marca.

Y entonces, el hombre con armadura, que llevaba más de 30 segundos sin hacer ni un solo movimiento, se acercó a mí de nuevo.

Alzó la espada y la puso de forma horizontal delante de su cuerpo.

“Bajo la luz del gran Sthele, purifico todo mal y te sentencio a morir.”

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8 comentarios en “Reaper – Capítulo 1

  1. Pingback: Reaper – Capítulos – SpanishTraslation

    1. Pues en esta novela no quiero ponerme unos días exactos, quiero hacerlo cuando tenga el tiempo suficiente. Me agobió mucho hacer un capítulo diaria cuando hice Ascension. Por ahora tengo escritos tres capítulos más, que supongo que subiré cada día, pero más adelante los capítulos serán uno cada dos o tres días, tres como máximo.

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