Reaper – Capítulo 2

Enfrentamiento

“E-espera, por favor…”

Empezaban a asomarse lágrimas en mis ojos.

No quería morir allí.

Cerré los ojos mientras la espada caía sobre mí como una guillotina.

Pasaron diez segundos y aún no había pasado nada.

¿No debería haberme matado ya?

Abrí los ojos, y allí me encontré con aquella carnicería.

Seis de los siete caballeros yacían muertos en el suelo, con las armaduras destrozadas, las tripas tiradas y dos de ellos sin cabeza.

Entonces fue cuando lo vi.

Un caballero.

Llevaba una armadura completamente negra, y dos gigantescos espadones, uno en cada mano.

Se estaba enfrentando al caballero blanco restante.

Aunque decir “enfrentando” no era la palabra correcta.

El caballero blanco estaba en el suelo, arrodillado y suplicando, con una mirada de terror extremo en sus ojos.

Su máscara estaba tirada en el suelo, partida por la mitad.

Al caballero le faltaba el brazo derecho y tenía una enorme herida que cruzaba su torso entero en diagonal.

“Tienes quince segundos para responder; dime dónde están tu capitán y vuestras tropas restantes.”

Quien había hablado era el caballero negro.

Tenía una voz joven y seria.

Aunque mirando sus dos espadones, los cuales tendrían unos dos metros de largo y treinta centímetros de ancho cada uno podrías decir que era realmente fuerte, su cuerpo no era mucho más fornido que el mío.

Medía alrededor de 1’80m y era delgado, aunque no se notaba del todo por la armadura tan pesada que llevaba.

En la cabeza llevaba un casco que cubría toda su cara, con el dibujo de una espiral blanca en el centro.

“E-está b-b-bien. P-por favor, no me mates.”

El caballero blanco comenzó a hablar, aunque estaba asustado y balbuceaba.

“Te quedan diez segundos.”

“D-detrás del monte, al este del pueblo. Todos están reunidos allí. P-por favor, déjame irme.”

“Bien, gracias por la información.”

El caballero negro alzó en horizontal sus dos espadones a la vez y le cortó la cabeza con un golpe limpio y rápido.

Guardó sus espadones en la espalda y se giró a mirarme.

El caballero se quitó el caso y lo tiró al suelo.

Era un chico de alrededor de 20 años.

Tenía el pelo negro, y los ojos también negros, como yo.

A decir verdad, se parecía bastante a mí; aunque él llevaba un poco de barba.

Agarró el guantelete de su mano derecha y se lo quitó para extenderme la mano.

Yo también se la extendí y me levantó del suelo.

Estaba confuso y desorientado.

Después de eso me miró fijamente y se abalanzó contra mí, abrazándome.

“Llevo buscándote años y años… me alegro de que estés a salvo.”

El chico se apartó de mí y se me quedó mirando.

Yo aún estaba perplejo.

“T-te agradezco mucho que me salvases pero… ¿quién eres?”

“Ah, perdona, es normal que no me conozcas. Me llamo Lars.”

Me quedé mirando al chico unos segundos más, hasta que abrió la boca.

“Verás, me gustaría contarte todos los detalles, pero este lugar no es seguro. Esta era gente de los Oscuros. No estoy seguro de poder enfrentarme contra su capitán mientras te protejo.”

“Oye, espera un momento. Te lo agradezco mucho, pero no sé quién eres, ni quién es esta gente. Acaban de destruir el pueblo y están todos muertos y…”

El sonido de un caballo se escuchaba desde lo lejos.

“Mierda, ya están aquí.”

Lars se puso el guantelete de nuevo y sacó los espadones.

“¿Qué quieres decir con ‘ya están aquí’? ¿Hay más de ellos?”

“No, estos no serán tan fáciles de matar como ‘ellos’”

Mi corazón empezó a palpitar fuertemente, y me estaba poniendo nervioso.

“Coge esto. Si te atacan al menos podrás defenderte.”

Lars sacó una espada de su cinturón.

Era una espada pequeña, y medía poco más de ochenta centímetros, lo cual era un alivio; si me hubiese dado uno de sus espadones sería completamente incapaz de levantarlo.

Pasaron dos minutos, y desde el horizonte por fin vimos a tres hombres a caballo.

Se quedaron quietos apenas 50 metros lejos de nosotros y desmontaron.

“Vaya, vaya… dos Alister juntos… este es un buen día, sí señor.”

“Alant, en guardia. Son muy peligrosos.”

“Está bien… espera, ¿cómo sabes mi nombre?”

“Te lo diré si sobrevives, así que más te vale hacerlo.”

Mi cabeza era un caos.

Hace cinco horas era un simple granjero, y ahora iba a luchar con una espada para sobrevivir.

“Lamento tener que fastidiar la reunión familiar, pero… hace días que no mato a alguien, y me apetece hacerlo.”

El hombre del centro, que era quien hablaba todo el rato, mostró una enorme sonrisa en sus labios.

Iba vestido con una armadura de cuero blanca, del mismo tono que los anteriores caballeros.

Puso sus manos en la espalda y desenvainó una espada.

Era una espada curva, una cimitarra.

“Quedaros detrás. Los quiero a los dos para mí.”

“¡Entendido!”

Los dos hombres que le seguían, vestidos igual que los caballeros de antes, respondieron al unísono.

De repente, donde se encontraba el hombre no había nadie, como si se hubiese evaporado.

“¡Clink!”

El sonido fue tan fuerte que tuve que taparme los oídos.

Lars, que ya no estaba a mi lado, y el hombre habían aparecido al mismo tiempo entre los dos grupos.

El hombre sostenía su espada con una mano, mientras que Lars utilizaba sus dos espadones para bloquearla.

Aun con el peso y la fuerza de los espadones, la fuerza del hombre era suficiente para detenerlos con un arma diez veces más delgada y pequeña.

“No está a mi altura, chaval.”

El hombre sacó de su pierna izquierda un puñal del tamaño de un dedo y lo clavó en la espinilla de Lars.

Todo fue tan rápido que era difícil de ver.

Con un movimiento de su arma giró sobre sí mismo y desarmó a Lars en un instante.

Puso la cimitarra en la garganta de Lars y sonrió de nuevo.

“¿Últimas palabras, chaval?”

“Yo no estoy a tu altura, pero ella sí.”

Faltó tiempo para que el hombre pudiese siquiera reaccionar, y su cabeza ya rodaba por el suelo.

Una chica con una armadura de cuero teñida de negro se encontraba detrás del cuerpo muerto del hombre de blanco.

Tenía dos cuchillas en sus manos, muy finas y de apenas medio metro de longitud, teñidas en sangre.

La sangre del hombre de blanco.

“Estás perdiendo facultades Lars.”

La chica sonrió y comenzó a reír.

“Cállate, solo era para distraerlo.”

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